Por qué tu Inteligencia Artificial necesita leer a Borges

John Wilkins y la lengua universal

John Wilkins (14 de febrero de 1614-19 de noviembre de 1672) fue un religioso y naturalista inglés, además del primer secretario de la Royal Society y versátil ensayista.

Tuvo muy en mente la creación de una lengua franca. Un problema típico de la “República de las letras” donde se alternaba el uso de Latín como lengua de intercambio intelectual y las lenguas vernáculas de cada erudito.

Desarrolló así la posibilidad de construir un lenguaje mundial artificial, una lengua filosófica, aspecto en el que se insistiría hasta finales del siglo de las Luces. Como desarrollo de esta idea fue autor de la primera lengua sintética («lengua artificial filosófica de uso universal») que dio a conocer en varios de sus libros.

Y aunque su nombre no ha pasado a los primeros puestos de la historia del pensamiento si que llamó la atención de otro autor muy interesado en el lenguaje, sus juegos y sus límites: el escritor argentino Jorge Luis Borges, que dedicó un ensayo a una de sus obras.

El Emporio celestial de conocimientos benévolos

Wilkins proponía un sistema en apariencia muy simple donde dividía el universo en cuarenta categorías divisibles a su vez en especies, asignando a cada género un monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante y a cada especie, una vocal.

Y es en este contexto donde Borges ficciona su celebérrimoEl Emporio celestial de conocimientos benévolos” una cierta enciclopedia china donde los animales se clasificarían en:

  • (a) pertenecientes al Emperador,
  • (b) embalsamados,
  • (c) amaestrados,
  • (d) lechones,
  • (e) sirenas,
  • (f) fabulosos,
  • (g) perros sueltos,
  • (h) incluidos en esta clasificación,
  • (i) que se agitan como locos,
  • (j) innumerables
  • (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
  • (l) etcétera,
  • (m) que acaban de romper el jarrón,
  • (n) que de lejos parecen moscas.

A Borges le debió parecer que las las taxonomías poseían una naturaleza arbitraria, ya sea que formen un lenguaje o simplemente compongan una forma de entender y ordenar el mundo. Concluyendo que a su entender no podría haber una clasificación del universo que no fuese arbitraria y llena de conjeturas.

Dice Borges en dicho relato: «(…) notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo».

Foucault y los límites de nuestro pensamiento

No mucho tiempo después el filósofo francés Michael Foucault le dedicaría una reflexión en el prefacio de “Las palabras y las cosas”, confesando que leer ese texto de Borges le hizo reír, pero también rompió todas las familiaridades de su pensamiento.

En efecto esta lista nos hace sonreír por su aparente absurdo e incoherencia lógica desde nuestra perspectiva occidental moderna.

Pero lo que Foucault nos enseña es que toda clasificación es hija de su tiempo, su cultura y su propósito. Y no existe una forma «natural» u «objetiva» de dividir el mundo en categorías. Lo que a nosotros nos parece lógico (clasificar animales por vertebrados/invertebrados), a otra cultura (o a un sistema con otro propósito) le resultaría inútil.

El Síndrome de la «Ontología Universal»

Cuando una empresa u organización decide montar un Grafo de Conocimiento o un sistema RAG para su IA, el primer instinto del equipo técnico es intentar modelar «toda la realidad» de la empresa de forma exhaustiva y perfecta.

Las posibilidades epistemológicas y de representación que nos ofrecen nuestros datos y el mundo en su conjunto son inagotables, los equipos pueden perder meses discutiendo filosóficamente: «¿Un paciente es una ‘persona’, o es un ‘rol temporal’?», «¿Un contrato es un ‘documento’ o un ‘evento legal’?». Podemos intentar crear una taxonomía universal y acabar con un modelo inmanejable, costoso y que no resuelve nada.

Ontologías orientadas a propósito

En Ingeniería Ontológica, cuando diseño, no busco la «Verdad absoluta», sino la «Utilidad operativa». Una ontología solo debe contener los conceptos y relaciones estrictamente necesarios para responder a las preguntas de negocio que la organización necesita resolver.

Una ontología debe diseñarse teniendo en cuenta:

  • Los objetivos del sistema.
  • Los tipos de consultas que se quieren realizar.
  • Los procesos que debe soportar.
  • Las relaciones que se quieren descubrir.
  • Las inferencias que se esperan conseguir.

Por ejemplo, un sistema sanitario puede organizar medicamentos según:

  • Principios activos.
  • Indicaciones terapéuticas.
  • Regulación.
  • Interacciones.

Cada enfoque produce un modelo diferente.

Los grafos permiten:

  • Múltiples relaciones simultáneas.
  • Diferentes perspectivas sobre las mismas entidades
  • Extender el modelo sin romper la estructura.

Conclusiones

La clasificación de Borges parece absurda porque no compartimos su sistema de referencia.

Pero nos recuerda algo importante:

Toda taxonomía es una forma de ordenar el mundo según ciertos criterios.


Cuando una organización diseña una ontología o un grafo de conocimiento debería preguntarse:

  • Qué preguntas quiere poder responder
  • Qué relaciones son relevantes.
  • Qué decisiones necesita apoyar.

Solo entonces la clasificación deja de ser arbitraria y se convierte en una herramienta para generar conocimiento.

Y en ingeniería del conocimiento esos criterios deben ser explícitos y conscientes.

La belleza y potencia de la Web Semántica (RDF/OWL) es su flexibilidad. Permite que diferentes departamentos tengan «vistas» distintas del mismo mundo, integradas en un solo grafo.

Diseñar la arquitectura de datos de una organización requiere tanto de rigor técnico como de visión filosófica para entender el negocio. Si tu empresa está luchando por conectar sus silos de información sin perderse en el intento de cartografiar el universo entero, hablemos.

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